Aceptó actuar en esta comedia, dice el actor, porque tenía que vestirse de la cantante Cher
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FABIAN WAINTAL
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
Especialmente invitado por un homenaje al director Ron Howard,
Jim Carrey estuvo por una semana en Nueva York y aprovechamos
para entrevistarlo en el clásico Waldorf-Astoria. Elegantemente
vestido con traje negro, sin corbata, parece haber elegido
un diseño exclusivo de Giorgio Armani o Christian Dior,
"pero no pienso decirte la marca", nos dice él con una
sonrisa. "Porque este traje, lo pagué yo", agrega enseguida.
En verdad, él es uno de los pocos actores de Hollywood
que no acepta regalos de los diseñadores de moda. Y
tampoco los necesita, figurando en la lista de actores que
más ganan, cobrando 25 millones de dólares por
película.
Y sobre ese tema se trata nuestra entrevista, recorriendo
las épocas en que ni siquiera era famoso o millonario,
comparando la actualidad.
_¿En qué momento de su vida vivió
la peor época financiera?
_Cuando tenía doce años, en mi familia
vivimos un caos porque mi padre había perdido
el trabajo. Tuvimos que vivir en una camioneta. A
mí me cambió por completo. Hasta aquel entonces,
yo pensaba que todo tenía que ocurrir perfectamente,
que yo sólo andaba por el camino, disfrutando
del buen momento.. Y en aquel punto, el piso se derrumbó.
Pero me sirvió increíblemente, en toda mi
carrera. Las peores épocas de mi vida resultaron
las herramientas que hoy utilizo en mi trabajo.
_¿Toma ciertas precauciones para no
perder su fortuna?
_No juego demasiado en Wall Street. Soy muy seguro
con las inversiones. Honestamente, aún en
aquellos tiempos malos, no me preocupaba el dinero.
No era ese el tema. Estaba furioso con el mundo
porque en cierta forma habían conspirado
contra mi padre. Yo estaba bien, no necesitaba
nada. Comía en McDonald's y me iba a dormir,
no me importaba. Soy muy conservador con mi bolsillo.
A mi primera esposa la volvía loca porque
nunca sabíamos cómo íbamos a pagar
el alquiler. Y siempre caía un cheque del
cielo, porque yo confiaba, tengo fe.
_¿El dinero hace la felicidad?
_Yo aprendí la lección, duramente.
Se puede tener todo lo que uno sueña,
pero no te hace feliz. Un simple momento con
mi hija me hace feliz.
_¿Por qué dice que aprendió
cruelmente la lección?
_Todos deberían ser ricos y famosos,
conseguir los sueños, para darse
cuenta que no es la respuesta de la felicidad.
_¿Disfruta la fama?
_En Nueva York, por ejemplo, me gusta
caminar por la calle, siento que vivo
una película en cada esquina.
Y claro que me reconocen, pero me
gusta disfrutar con la gente.
_¿Algún momento
extraño que haya experimentado?
_Honestamente, la gente es bastante
amorosa. Tengo suerte, aunque
a veces pretenden demasiado...
Me piden partes de mi ropa interior
(riéndose). Es verdad. La
otra noche estaba cenando en un
restaurante y una persona se me
acercó a la mesa pidiéndome
que actuara una parte de la película
Todopoderoso. Le dije que estaba
comiendo, pero siguió insistiendo.
Así es mi vida.
_¿Se volvió
una costumbre en Hollywood filmar
la misma película una y
otra vez?
_La mayoría de las veces,
yo lo odio. Me pregunto, ¿para
qué otra vez? Pero me
gustó filmar Las locuras
de Dick y Jane. Pensé
que la idea podía ser
muy divertida. Sé que
la habían hecho hace
poco, en 1977. Pero pasaron
tantas cosas desde 2000, que
pensé que podíamos
agregarle bastante. _¿Le
gustó vestirse de Cher?
_Bueno, es la razón por
la que filmé la cinta
(se ríe).
_¿Las filmaciones
son tan divertidas como
sus películas?
_Depende del lado de
la broma en la que estás.
A Tea (Leoni), la tiré
a la piscina durante la
filmación de Las
locuras de Dick y Jane.
Lavi parada en el borde
y no pude evitarlo.
_¿Es cierto
que ni siquiera perdonó
a Meryl Streep cuando
filmaron la película
Una serie de eventos
desafortunados?
_Es verdad. Ella
vino al estudio y
empezó unos ejercicios
de respiración
profunda, con los
ojos cerrados. Estaba
sentada abajo de una
cámara, concentrándose.
Se la veía muy
solemne. Y yo me le
acerqué, le puse
mi nariz a una pulgada
de la suya y esperé
hasta que abrió
los ojos y gritó.
No puedo dejar de
hacer bromas.
_¿Quién
lo hace reír
a usted?
_Tengo un perro
gran danés,
George. Tiene
el peor aliento
del mundo y disfruto
cuando se le pega
a la gente.
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