Los Ángeles (EEUU).- Steven Spielberg,
George Lucas y Harrison Ford han decidido, en una atrevida
apuesta, renunciar a todas sus ganancias por la cuarta entrega
de Indiana Jones si la taquilla no supera los 400 millones
de dólares.
De esta manera, los ingresos iniciales por la venta de entradas
para ver "Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull"
("Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal") irán
a parar exclusivamente a las arcas de Paramount Pictures.
En esta época poco boyante para la industria de Hollywood,
el elevado coste del film, unos 335 millones de dólares,
llevó a los artífices del filme a acordar posponer
sus ingresos, normalmente un porcentaje de la taquilla, hasta
que la Paramount recupere su inversión en el proyecto,
informó Efe.
Las grandes productoras son cada vez más prudentes a
la hora de involucrarse en largometrajes multimillonarios
ante las nubes negras que se ciernen sobre Hollywood, donde
se palpa una crisis en el ambiente.
Cada vez es más caro hacer una película y ni las
taquillas ni los DVD garantizan a los estudios amortizar la
inversión, por lo que los amos de la industria buscan
cubrirse las espaldas, especialmente después de una huelga
de guionistas y un posible paro de los actores.
La Paramount, según fuentes del diario Los Ángeles
Times, aportó 185 millones de dólares para la realización
de la cuarta entrega de Indiana Jones y al menos 150 millones
de dólares para su promoción en todo el mundo.
A estas cantidades se sumará el 2,5 por ciento de los
ingresos que se obtengan de la distribución de la película,
aunque Spielberg, Lucas y Ford no verán un centavo hasta
que las nuevas aventuras del arqueólogo más famoso
del cine reporten a los estudios 400 millones de dólares.
Las condiciones impuestas por la Paramount comienzan a ser
algo habitual en Hollywood, donde hasta el momento las estrellas
de la gran pantalla recibían pagos por adelantado y una
parte importante de la recaudación en taquilla antes
de que la productora recuperase su inversión.
Un ejemplo similar fue el acuerdo alcanzado entre Walt Disney,
el productor Jerry Bruckheimer y el actor Johnny Depp para
la saga de "Piratas del Caribe", o el firmado por esos mismos
estudios, Bruckheimer y Nicolas Cage en "National Treasure:
Book of Secrets" (2007), si bien todos ganaron dinero con
los proyectos.
A priori, "Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull"
es una apuesta segura y se espera que arrase en los cines
cuando llegue a las carteleras el próximo 22 de mayo.
Las aventuras de "Indi" son de las más exitosas de la
historia de Hollywood y la hasta ahora trilogía recaudó
1.200 millones de dólares en todo el mundo, 494 de ellos
correspondieron a la caja lograda por la tercera parte de
la saga "Indiana Jones and the Last Crusade" (1989).
Ese filme fue el primero en superar los 10 millones de entradas
vendidas en un solo día, cuando se estrenó en los
cines en la primavera de 1989, mientras que "Indiana Jones
and the Temple of Doom" (1984) superó los ingresos obtenidos
en su semana de lanzamiento por cintas como "Star Wars: Return
of the Jedi" (1983).
La primera entrega, "Raiders of the Lost Ark" (1981), fue
la segunda que más ganó, con 384 millones de dólares.
Estas cifras pueden parecer pequeñas si se comparan
con los más de 1.800 millones de dólares obtenidos
por "Titanic" (1997), la película más taquillera
de todos los tiempos, aunque este filme salió al mercado
una década después de la última parte de Indiana
Jones, cuando el número de espectadores en el planeta
era muy inferior.
El principal temor de los productores es precisamente los
19 años que pasaron desde la última cruzada de "Indi",
casi dos décadas en las que se ha forjado una audiencia
joven enganchada a las nuevas tecnologías a las que el
látigo del arqueólogo les puede parecer una reliquia.
Lejos de los revolucionarios efectos especiales de hoy en
día, Lucas y Spielberg apostaron por un rodaje a la antigua
usanza para la cuarta entrega de Indiana Jones, que abandona
la amenaza fascista y en su búsqueda de la calavera de
cristal se verá las caras con los rusos en plena Guerra
Fría.